lunes, 7 de diciembre de 2015

Aries

Cuando se bajó del bus sintió el golpe de calor, que también era un aviso: todo lo que había pasado antes quedaba atrás y no volvería. Aun cuando le gustó pasar esa primera etapa de su vida en el pueblo, a medida que pasaron los años fue olvidando casi todo lo que ocurrió ese tiempo. Sus recuerdos se vieron reducidos a una mezcla entre acontecimientos que realmente creía haber vivido y otros que todos conocían, los que aparecieron en la prensa y de los que, una que otra vez, se hacía mención en documentales o reportajes del megavisión. Se supo que dos familias se quedaron a vivir en el pueblo, los últimos cuatro habitantes, muy mayores, a los que cada cierto tiempo la televisión iba a visitar en busca de una enfermedad mortal, de un hecho que redujera la población para que el lugar pasara de ser un pueblo fantasma del nombre al hecho. Aries los conoció pero solo de vista. El resto de gente que conoció, compañeros de escuela, vecinos, se mudaron de ahí muchos años antes que ella, y en parte el aislamiento que produjo esta situación, algo inusual en una cabra jovial, tan buena para hablar, convenció a su padre de llevarla a la ciudad. Es que ya casi no hay gente de su edad, le dijo a la mujer que les arrendó el departamento, es algo poco natural lo que está pasando, por lo menos para la forma en que se crió nuestra generación. La niña tiene dos compañeros en su curso, y ambos son muy mayores. Y en un pueblo tan bello. Se ha estropeado el mundo, señora, le terminó de decir. Y ella asentía al tiempo que registraba en su dispositivo los datos del hombre. Firme aquí y pase su tarjeta por acá, le dijo.
Aries se registró en la comunidad cuando se dio cuenta que a la hora del recreo casi ninguno de sus compañeros conversaba. Cuando le pidió a su padre que le comprara el dispositivo este se negó y sintió un miedo profundo, el miedo hacia lo inevitable. Él sabía que ese momento tendría que llegar, pero nunca pudo, a pesar de dedicar horas a buscar una solución, encontrar una respuesta convincente, un modo de actuar. Siempre se sintió débil, perdido. Pasaron un par de semanas y tras muchas discusiones, berrinches y la firme postura de su hija, quien le preguntaba que cómo quería que ella se integrara si no tenía los medios por los que todos lo hacen, que para eso mejor hubieran seguido en el pueblo. Entonces aun recordaba algunas experiencias de esa vida pasada, pero cuando el padre cedió y le compró el dispositivo, cuando llegó a su casa, lo conectó y abrió la página que alguna vez escribió en la primera hoja de su libreta pero que, de tanto pensar en ella, ya había memorizado, completó la hoja de registro y activó el lente, ahí empezó a olvidar.
Para cuando conoció a Cáncer ya casi no recordaba nada de su tiempo en el pueblo, y su padre apenas lo notaba, pues pensaba que si no decía nada sobre esto o si no le respondía las tallas era por un tema de edad. La juventud es así, le dijo una amiga del trabajo. Y sí, algo de razón tenía. Aries comenzó a dialogar con sus compañeros de escuela una vez que se integró a la comunidad. Se conectaba en la hora del recreo y hacían pequeñas fiestas en las que coincidían algunos usuarios de su curso, pero no muchos, porque la mayoría interactuaba en grupos con gente de otras ciudades o de otros países. Solo quienes comenzaban a utilizar el servicio se conectaban con personas de su círculo real, pero no pasaba mucho tiempo para que comenzaran a explorar otros sectores más complejos y amplios. De cualquier forma, nunca supo cuáles fueron los compañeros con quienes compartió, pero poder hacerlo, poder ser partícipe de algo y sentirse cómplice le hizo bien. Por algo cada mes que pasaba era más el tiempo que le dedicaba, hasta que se estableció en un grupo específico, donde conoció a Cáncer, un usuario más antiguo que le enseñó algunos trucos para optimizar su experiencia y con el que entabló largas conversaciones y paseos que derivaron en un romance, el primero de Aries y el más intenso.
Cáncer le enviaba regalos, la invitaba a fiestas y la llevaba a conocer diferentes lugares de la comunidad a los que tenían acceso los usuarios con más recorrido. La presentó a personajes importantes y vivieron juntos acontecimientos como la celebración de año nuevo y las fiestas patrias. Durante el invierno se fueron de vacaciones, lo que fue complejo para Aries ya que durante esa semana viajó con su padre al extranjero, olvidando en casa el cargador de su dispositivo, lo que le produjo un pequeño colapso pues no contaba con el dinero para conseguir uno nuevo y su padre se negaba a comprarle otro, diciéndole que era mejor así, que pasarían más tiempo juntos. Finalmente, tras varios juramentos de odio eterno, cedió y le pasó dinero para que comprara uno usado en el mercado pirata. Una vez que lo compró salió corriendo a encerrarse en el baño de una gasolinera para conectarse y llorando le pidió perdón a Cáncer, que llevaba esperándola, y sin noticias suyas, mucho tiempo. Él se mostró comprensivo cuando le explicó la situación y la invitó a esquiar esa misma tarde. Las horas pasaron para Aries y ni cuenta se dio: esa noche hicieron el amor por primera vez y cuando amaneció y preparaba el desayuno sintió una anomalía que la hizo desconectarse: la mujer del aseo la sacudía de los hombros y le pedía que saliera del baño. Había estado casi un día conectada. Se había cagado en los pantalones.

Después de ese episodio su padre se volvió más estricto y trató de controlar el uso del dispositivo, pero poco pudo hacer. Al enterarse de su existencia él quiso saber más. ¿En qué momento se había enamorado su pequeña? Sentía que se le estaban pasando muchas cosas por alto y esto lo frustraba, porque sumado a su incapacidad de sobrellevar estas situaciones la actitud de Aries era decepcionante. Apenas y hablaba, no solo con él sino con cualquier persona que se le cruzara, por lo que extraerle información sobre Cáncer fue una tortura para ambos. Es un usuario de la comunidad, le dijo, nos conocemos hace algunos años, estamos pololeando. El padre la miró y luego volvió su vista hacia la cocina, donde se terminaba de hervir el agua. Le preguntó si se habían juntado alguna vez en la ciudad y ella dijo que no. Qué edad tiene Cáncer. La panadería estaba cerrada cuando pasó por ahí, por lo que no le quedó otra que calentar el pan del día anterior. Sirvió las tostadas y llenó la taza de Aries con té. Ella tomó una y se la sirvió con palta. Cáncer tiene setenta y dos años. Su padre no era capaz de entender lo que le decía. Entonces se produjo un quiebre trascendental en su relación. Durante las semanas que siguieron Aries casi no pasó en la casa. Su padre se estaba derrumbando y cuando ya estaba muy cerca del barranco ella le comunicó que Cáncer se mudaría a la comunidad definitivamente. Cuarenta días después de eso Cáncer se mudó. Antes, depositó en la cuenta de Aries lo suficiente para que ella también lo hiciera.

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