Cuando
se bajó del bus sintió el golpe de calor, que también era un
aviso: todo lo que había pasado antes quedaba atrás y no volvería.
Aun cuando le gustó pasar esa primera etapa de su vida en el pueblo,
a medida que pasaron los años fue olvidando casi todo lo que ocurrió
ese tiempo. Sus recuerdos se vieron reducidos a una mezcla entre
acontecimientos que realmente creía haber vivido y otros que todos
conocían, los que aparecieron en la prensa y de los que, una que
otra vez, se hacía mención en documentales o reportajes del
megavisión. Se supo que dos familias se quedaron a vivir en el
pueblo, los últimos cuatro habitantes, muy mayores, a los que cada
cierto tiempo la televisión iba a visitar en busca de una enfermedad
mortal, de un hecho que redujera la población para que el lugar
pasara de ser un pueblo fantasma del nombre al hecho. Aries los
conoció pero solo de vista. El resto de gente que conoció,
compañeros de escuela, vecinos, se mudaron de ahí muchos años
antes que ella, y en parte el aislamiento que produjo esta situación,
algo inusual en una cabra jovial, tan buena para hablar, convenció a
su padre de llevarla a la ciudad. Es que ya casi no hay gente de su
edad, le dijo a la mujer que les arrendó el departamento, es algo
poco natural lo que está pasando, por lo menos para la forma en que
se crió nuestra generación. La niña tiene dos compañeros en su
curso, y ambos son muy mayores. Y en un pueblo tan bello. Se ha
estropeado el mundo, señora, le terminó de decir. Y ella asentía
al tiempo que registraba en su dispositivo los datos del hombre.
Firme aquí y pase su tarjeta por acá, le dijo.
Aries
se registró en la comunidad cuando se dio cuenta que a la hora del
recreo casi ninguno de sus compañeros conversaba. Cuando le pidió a
su padre que le comprara el dispositivo este se negó y sintió un
miedo profundo, el miedo hacia lo inevitable. Él sabía que ese
momento tendría que llegar, pero nunca pudo, a pesar de dedicar
horas a buscar una solución, encontrar una respuesta convincente, un
modo de actuar. Siempre se sintió débil, perdido. Pasaron un par de
semanas y tras muchas discusiones, berrinches y la firme postura de
su hija, quien le preguntaba que cómo quería que ella se integrara
si no tenía los medios por los que todos lo hacen, que para eso
mejor hubieran seguido en el pueblo. Entonces aun recordaba algunas
experiencias de esa vida pasada, pero cuando el padre cedió y le
compró el dispositivo, cuando llegó a su casa, lo conectó y abrió
la página que alguna vez escribió en la primera hoja de su libreta
pero que, de tanto pensar en ella, ya había memorizado, completó la
hoja de registro y activó el lente, ahí empezó a olvidar.
Para
cuando conoció a Cáncer ya casi no recordaba nada de su tiempo en
el pueblo, y su padre apenas lo notaba, pues pensaba que si no decía
nada sobre esto o si no le respondía las tallas era por un tema de
edad. La juventud es así, le dijo una amiga del trabajo. Y sí, algo
de razón tenía. Aries comenzó a dialogar con sus compañeros de
escuela una vez que se integró a la comunidad. Se conectaba en la
hora del recreo y hacían pequeñas fiestas en las que coincidían
algunos usuarios de su curso, pero no muchos, porque la mayoría
interactuaba en grupos con gente de otras ciudades o de otros países.
Solo quienes comenzaban a utilizar el servicio se conectaban con
personas de su círculo real, pero no pasaba mucho tiempo para que
comenzaran a explorar otros sectores más complejos y amplios. De
cualquier forma, nunca supo cuáles fueron los compañeros con
quienes compartió, pero poder hacerlo, poder ser partícipe de algo
y sentirse cómplice le hizo bien. Por algo cada mes que pasaba era
más el tiempo que le dedicaba, hasta que se estableció en un grupo
específico, donde conoció a Cáncer, un usuario más antiguo que le
enseñó algunos trucos para optimizar su experiencia y con el que
entabló largas conversaciones y paseos que derivaron en un romance,
el primero de Aries y el más intenso.
Cáncer
le enviaba regalos, la invitaba a fiestas y la llevaba a conocer
diferentes lugares de la comunidad a los que tenían acceso los
usuarios con más recorrido. La presentó a personajes importantes y
vivieron juntos acontecimientos como la celebración de año nuevo y
las fiestas patrias. Durante el invierno se fueron de vacaciones, lo
que fue complejo para Aries ya que durante esa semana viajó con su
padre al extranjero, olvidando en casa el cargador de su dispositivo,
lo que le produjo un pequeño colapso pues no contaba con el dinero
para conseguir uno nuevo y su padre se negaba a comprarle otro,
diciéndole que era mejor así, que pasarían más tiempo juntos.
Finalmente, tras varios juramentos de odio eterno, cedió y le pasó
dinero para que comprara uno usado en el mercado pirata. Una vez que
lo compró salió corriendo a encerrarse en el baño de una
gasolinera para conectarse y llorando le pidió perdón a Cáncer,
que llevaba esperándola, y sin noticias suyas, mucho tiempo. Él se
mostró comprensivo cuando le explicó la situación y la invitó a
esquiar esa misma tarde. Las horas pasaron para Aries y ni cuenta se
dio: esa noche hicieron el amor por primera vez y cuando amaneció y
preparaba el desayuno sintió una anomalía que la hizo
desconectarse: la mujer del aseo la sacudía de los hombros y le
pedía que saliera del baño. Había estado casi un día conectada.
Se había cagado en los pantalones.
Después
de ese episodio su padre se volvió más estricto y trató de
controlar el uso del dispositivo, pero poco pudo hacer. Al enterarse
de su existencia él quiso saber más. ¿En qué momento se había
enamorado su pequeña? Sentía que se le estaban pasando muchas cosas
por alto y esto lo frustraba, porque sumado a su incapacidad de
sobrellevar estas situaciones la actitud de Aries era decepcionante.
Apenas y hablaba, no solo con él sino con cualquier persona que se
le cruzara, por lo que extraerle información sobre Cáncer fue una
tortura para ambos. Es un usuario de la comunidad, le dijo, nos
conocemos hace algunos años, estamos pololeando. El padre la miró y
luego volvió su vista hacia la cocina, donde se terminaba de hervir
el agua. Le preguntó si se habían juntado alguna vez en la ciudad y
ella dijo que no. Qué edad tiene Cáncer. La panadería estaba
cerrada cuando pasó por ahí, por lo que no le quedó otra que
calentar el pan del día anterior. Sirvió las tostadas y llenó la
taza de Aries con té. Ella tomó una y se la sirvió con palta.
Cáncer tiene setenta y dos años. Su padre no era capaz de entender
lo que le decía. Entonces se produjo un quiebre trascendental en su
relación. Durante las semanas que siguieron Aries casi no pasó en
la casa. Su padre se estaba derrumbando y cuando ya estaba muy cerca
del barranco ella le comunicó que Cáncer se mudaría a la comunidad
definitivamente. Cuarenta días después de eso Cáncer se mudó.
Antes, depositó en la cuenta de Aries lo suficiente para que ella
también lo hiciera.
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