lunes, 19 de octubre de 2015

Cuesco

Ayer me dijeron que hoy el tiempo se echaba a perder y yo pensé que era una pena terminar las vacaciones de esa forma, aun cuando no tuviera mayores planes. Quizás, pensaba ayer, podría salir a correr un rato, pero si no acompañan las nubes, caprichosas, mejor me quedo viendo alguna película o leyendo los pendientes: tengo un cuento de Faulkner que me envió V el viernes y un artículo sobre el rol del bibliotecario en torno al valor de la lectura, que me sugirió C. Tengo que terminar de leer las historias también. Y quizás ahí terminan mis más próximas deudas. Si me entusiasmo, pensaba, escribo un poco. Y estudio. Eso ayer, mientras comíamos esa extraña mezcla de arroz mojado, verduras y pollo que preparó mi hermano, cuando ya estaba oscuro y, algo distraído, miraba el corte que tengo en la mano, tratando de averiguar cuando me lo hice. Le dije a mi mamá, mientras levantábamos la mesa, que me había hecho bien este tiempo fuera de la rutina, que ya no me sentía agobiado y que tenía disposición para hacer muchas cosas que antes me parecían lejanas. Más tarde subimos un escritorio gigante por las escaleras con P. Terminé muy cansado y me dormí casi al instante. No soñé nada, o no recuerdo haber soñado nada. Podría haber aparecido alguno de esos planes en mi sueño, pero no fue así, hubo en cambio un gran manto púrpura que cubrió todas las horas que pasaron hasta que se empezó a mecer la cortina por efecto del viento y me desperté, cayendo en cuenta que había dejado abierta la ventana y que ya era un nuevo día, el último, y que no llovía. Entonces di un par de vueltas en la cama, estiré mis músculos y me levanté, me puse pantalones, zapatillas, y abrí la puerta que da a la calle, que me ofreció, tras un impacto de luz breve, una alfombra de nubes que se golpeaban, que se situaban unas por sobre otras y formaban figuras que daban la impresión de solidez. Todo muy gris y amable. Amenazante y seductor. Y ahí estaba yo, mirándolas de pie. Y bien atrás estaba la monotonía, el tedio y la mediocridad.

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