domingo, 26 de julio de 2015

Ambroxol, Azitromicina, Codetol, Pironal y Nastifrin. Pectoral y Paltomiel

Después de varias semanas llenas de movimientos inesperados, de calles oscuras y giros luminosos, semanas en que vi el mar, conversamos los edificios y me perdí en los pinos, se me terminaron por fundir los pulmones y el doctor, muy precavido, me mandó para la casa con licencia. En perspectiva era un bálsamo hacerlo: podría descansar, leer y estar acostado casi todo el día. Pero luego, puesto en práctica, se volvió bastante aburrido y repetitivo, pues ahí, encerrado, me vi muy limitado y terminé extrañando ciertas interacciones. Empecé a mandarle mensajes a las personas que les tengo estima, cariño, a los que me caen bien o a los que echo de menos. A varios les mandé el mismo mensaje en que les pedía que oraran por mi salud y les advertía que si me pasaba algo recordaban que el tesoro estaba enterrado en aaaaaghhhhsnwrwsxsrt (esa parte era como si me hubiera muerto y mi cuerpo en calidad de bolsa caía sobre el teclado). Era una talla entretenida y sirvió para reírnos de otras cosas, con algunas personas. Que al final también sirvió para hacer algo más tolerante el reposo. Yo me quería perder en los pinos, quería viajar a Lebu o molestar por el teléfono de la biblioteca, pero no podía y, reducido, animaba el movimiento de estas olas virtuales que tan poco mojan. Igual sabía que era un descanso inevitable, no por el tema de la salud, sino por la necesidad de tomar unos pasos hacia el lado para ver los hechos desde un rincón en el que no pegara tan fuerte el viento. En la tarde estaba viendo unos partidos y de repente cerraba los ojos y escuchaba apenas a los relatores y pensaba en como los jugadores que se fueron de la católica le van a hacer goles a la católica y de la nada empezaba a pensar en otras cosas, sentía que me ahogaba y las imágenes del mar, de caminar cuadras y cuadras sin tener donde ir, se me mezclaban y pasaban de un ser puro caos a mostrar patrones que antes me eran invisibles. Soñaba, deliraba, y me sentía contento con lo que me había convertido.

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