viernes, 5 de junio de 2015

Poema noventaiuno

Me gusta cuando hablamos
pero me complican mucho las manchas de sangre del que está al otro lado
el que recibe el puñal
por respeto, supongo
como el que se tiene a un árbol, al hombre que conduce la micro, a los tiburones
adoptando en cada caso las obvias proporciones

Cuando me desvelo y paso de algunos temas pienso en esto
es decir
cuando soluciono un problema vuelvo a este.
Un conocido me dijo que los problemas nunca se acababan, sino que van cambiando, como las necesidades, y que a la mayoría de las personas les cuesta asumirlo, por mantener el pensamiento de que con paciencia y esfuerzo deberían acabar.
A veces escribo tratando de ordenar algunas ideas. Mayormente narrativa. Aunque igual no le hago asco a tirar versos -como ahora-, que es más simple, porque no tengo proyecciones asociadas a la poesía: todas mis fuerzas están enfocadas en novelas y cuentos.
O invento canciones
me se un par de acordes, que repito hasta el cansancio.
Pero canto muy mal.
De corazón, pero muy mal.

Algunas ideas me calman
como la ambigüedad del tiempo
otras no, para nada.
Pensar que un camión nos puede pasar por encima cualquier día
o que a uno de los dos no le den las fuerzas y termine en pastillas
me aterra, porque sería un final mezquino
para una historia que debería estar por sobre todos los demás

No hay comentarios:

Publicar un comentario