El
31 caminábamos hacia el paradero con A y le pregunté dónde estaba
esa fecha el año anterior. A me dijo que ahí mismo, haciendo la
misma ruta. Y que su día había sido casi idéntico, lo que le
causaba mucha pena y algo de miedo. Si el otro año estamos en la
misma, le dije, entonces nos pegamos un balazo en la cabeza.
Avanzamos unos metros y me preguntó dónde estuve yo el año
anterior. Me puse a pensar y la verdad no me acordaba. Sabía donde
pasé la noche, lo que pasó después y toda la parafernalia, pero no
recordaba nada del día en sí. De hecho, si lo considero, decir que
recuerdo qué pasó en la noche de año nuevo es exagerar, porque en
realidad recuerdo personas y lugares, pero poco más de eso. No se,
le dije.
*
Para
el día de los inocentes estuvimos discutiendo qué talla buena
podríamos hacer en la biblio. Yo di un par de propuestas, pero mis
compañeros, muy precavidos, me dijeron que eran pésimas ideas y que
si llegaba a hacerlo podrían hasta despedirme. Aparte, dijo uno, ya
te echaste encima a los locos de Santiago. Una talla mala sería el
empujoncito que falta para que te corten el cogote. De aquí hasta
acá, dijo haciendo un gesto con la mano. Algo de razón tendría,
pero como todos queríamos reírnos un rato llegamos al acuerdo,
entonces, de poner un aviso en internet asegurando que al día
siguiente nos visitaría Jodorowsky. Hicimos un afiche y todo el
mambo, lo publicamos y en cosa de minutos nos llegaron mensajes y
llamadas pidiendo inscribirse para poder charlar con él, con
Jodorowsky, al que, algunos, llamaron el maestro. De primeras me reí
harto. Incluso después que publicamos que en realidad todo era una
broma en ocasión del día seguían insistiendo en la actividad.
Llegaron varias personas ese día. Al siguiente, cuando supuestamente
estaría el maestro, vinieron un par más. El martes no vino nadie y
el miércoles sí. Vino el director de un diario y nos preguntó cómo
había estado la visita del maestro. Al director yo lo conocía,
siempre visitaba la biblio con sus hijas e incluso le escribimos, con
otros compañeros, una columna sobre literatura infanto-juvenil que
publicó con ciertas correcciones -que me desmotivaron un montón- en
la edición de un domingo. Le dije que en realidad era una talla, que
nunca vino. Y dijo: qué pésima talla. Para ese momento yo había
pasado del buen humor a una desánimo generalizado a causa del alto
número de seguidores, fanáticos y fieles de la figura de
Jodorowsky, que se comportaban como imbéciles. Posiblemente porque
la mayoría eran imbéciles. Le dije al director que creía que la
talla había sido buena, que en la credibilidad que tuvo y el
impacto, que cayeran tantos pichones, radicaba su gracia. Él me
contó que a raíz de esta visita había estado conversando con el
director de un diario del norte. Discutían la siguiente situación:
En Tocopilla iban a llamar una calle con el nombre del maestro -por
haber vivido parte de su infancia ahí y usado el pueblo para filmar
su última película-, pero finalmente decidieron nombrarla Alexis
Sánchez. El director de diaro de acá decía que hubiera sido
prudente preguntarle a Jodorowsky qué opinaba al respecto, pero
finalmente no lo hizo, vaya a saber uno por qué. Al irse se dio la
vuelta y dijo: en realidad fue una buena broma.
*
A
principios de año comencé a armar una lista con los textos que iba
leyendo. Le sumaba comentarios sobre el mismo y añadía una
contextualización a lo que fue el proceso de lectura. Ese ejercicio
duró unos dos meses, con suerte un poco más. En un documento de
cinco páginas está la reseña de nueve lecturas. No hay ensayos, ni
teatro o poesía; hay siete novelas, un volumen de cuentos y un texto
que mezcla entrevistas y reseña periodística. Hay tres autores
chilenos, dos argentinos, un peruano, un español, un japonés y un
sudafricano. En total los nueve textos suman mil setecientas sesenta
y seis páginas.
Me
gustaría hacer esta estadística con todos los textos que leí
durante el año, pero es imposible. Aunque esforzara la memoria al
máximo terminaría pasando por alto más de un par de lecturas. Y
escribir una bitácora habiendo pasado tanto tiempo no me motiva lo
suficiente, a pesar de que podría resultar interesante la
perspectiva.
Durante
el año armé, con múltiples personas, listas y rankings en
diferentes categorías: las mejores salidas, los mejores escritores,
los futbolistas más feos. Etcétera. Rankings que se difuminan en el
resto de palabras que arman la conversación que sigue mientras
caminamos o nos subimos a alguna micro, mientras esperamos que
traigan algo a la mesa, nos encaramamos en un muro durante la noche
profunda o viajamos en un auto blanco de madrugada, borrachos de
alegría, a cientos de kilómetros del futuro. Fisicamente, en los
pensamientos. Uno más no le hace daño a nadie y puede que aclare
algunas cosas.
Este
mismo texto es, hasta aquí, varias listas.
De
aquí en adelante, valga decirlo, es una sola lista que desarrolla
dos variables de la manera más clara.
Lo
visto.
Sí:
Cómo entrenar a tu dragón, la segunda; Silicon Valley: Black books;
Nymphomaniac; Frank; Los niños lobo; Pin-pon summer; Vertigo;
Nebraska; Labor day; Her; La migliore offerta; The worlds end; The
master; Men, women and children. Boyhood por sobre todas las
anteriores.
No:
El planeta de los simios dos mil catorce; Interestelar; Los amores
imaginarios; Melancholia.
Lo
leído.
Sí:
El comienzo de la primavera (Pron); Réquiem por un campesino
(Sender); El sur (Villalobos); La montaña mágica (Mann); El libro
de las ilusiones (Auster); Verano (Coetzee); Niños (Ferrada); Buenos
días tristeza (Sagan); Algunos adioses (Mouat); Mi madre (Ford);
No:
Las cartas de la ayahuasca (Ginsberg); Racimo (Zuñiga); Mis
documentos (Zambra); Mapocho (Fernández); Hablar solos (Neuman);
Borgestein (Bizzio).
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