Tengo
trabajo. Soy un pésimo trabajador, obviamente, pero nadie parece notarlo tanto.
O al menos así lo creía –ahora que entregué algo de lo que se supone tengo que
hacer: sin haberlo hecho completo, con errores ortográficos (un día, vaya a
saber uno por qué, no funcionó el botón de las tildes) y con mucho copiar
pegar; me abro a la posibilidad de que se revele todo y descubran que soy una
farsa, lo que me llevaría a la cesantía- hasta unas semanas, o quizá unos días.
De cualquier forma, antes de correr cualquier riesgo de ser despedido, me habían
ofrecido un mejor contrato, lo que me pareció ridículo, pero les dije bueno ya.
Ahora no se qué irá a pasar, y cuando pienso en eso no puedo evitar sonreír.
La
última semana de trabajo no fui porque tenía ganas de caminar. Anduve dando
vueltas al principio. Conversé sobre el desprestigio de mi género y cómo se
repiten algunos patrones de conducta en la gente a cierta edad; nada que nos
hiciera cambiar el pensamiento, pero sí un buen pie para armar la tarde fresca
sentado sobre el pavimento. Escribí unos poemas, compré algunos libros, me
prestaron otros. Luego viajé y le escribí un correo a una colega diciéndole que
tuve toda la intención de ir a trabajar pero se me presentaron problemas
personales.
En
diciembre traté de hacer una lista de los libros que leí el año pasado. Recordé
los que leí en diciembre, los que leí en noviembre, en octubre, septiembre y
agosto. Desde Julio hacia atrás todo era incertidumbre y suposiciones. Nunca
terminé la lista. La dejé ahí, abierta, esperando el momento en que se me
descubran los textos que no logro recuperar. Eso me incomoda. No tengo
problemas en que se me pierdan los teléfonos o se me olvide ponerme zapatos
cuando salgo a la calle, pero me molesta un poco no poder recordar qué leí hace
un año. O qué película vi. Caminando, por Concepción o San Carlos, empecé a
hacer una lista mental de las películas que vi el mismo 2013. La lista no subía
de cinco o seis películas. Luego cambié el tópico y traté de pensar qué películas
habían sido significativas, pero el resultado fue el mismo. Pude recordar hasta
Agosto y desde Julio hacia atrás recordé un par con certeza y otras que no
estaba seguro si las vi ese año u otro o si en realidad nunca lo hice.
Este
año llevo una lista concreta con los libros que voy leyendo. Escribo de qué se
trató, cuántas páginas tenía y varios desvaríos a modo de registro del momento
específico en que leí cada libro. En algún momento del año perderé esa lista.
La comencé un día en el trabajo, como casi todas las cosas que he escrito últimamente.
Ese día fue poca gente a trabajar, no se por qué. Fue agradable, me sentí a mis
anchas y hasta extendí en unos minutos mi siesta piola en el baño. A veces
tengo la esperanza en que sea un ejercicio práctico, que tenga alguna utilidad
más allá de la diversión que me produce. Como construir un mueble.
Otro impecable. Alarga está volá. Es una bitácora de una decena de vidas vividas por el viadil. No sé que será viadil. Me gustó el texto. Seguiré con otro par.
ResponderEliminar