jueves, 7 de noviembre de 2013

Sobre Lourdes y el final de la infancia


Pasó mucho tiempo antes que pudiera afrontar la redacción de este texto. Hubo momentos en que me sentí tan incapaz que prefería quemar el progreso y pegarme en la cabeza con un martillo hasta que se ablandara un poco y la memoria empezara a fallar, ojala selectivamente. Muchos momentos así. Otros, los menos, eran de reflexión calmada. No terminaban en el patetismo de la desnudez pública ni en el deseo infantil de la sangre. Llegaba a conclusiones basado en una madurez que escasamente poseía, pero aceptaba el juicio como real y me convencía de que era buena cosa pensar que con el tiempo las ideas se desarrollarían y, reposadas, serían más fáciles de abordar. No estoy seguro de si alguna vez me incliné por opción a esto último o fue el mismo tiempo el que me acorraló y forzó a mantenerme en esa posición. El punto cierto es que pasaron muchos meses y después años. Fue entonces cuando pude empezar a escribir sobre ellas.

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