Contaban
la historia de un tipo que trajo ovejas para criar. Un día las ovejas saltaron
la cerca y se perdieron en los senderos. Las buscaron durante un tiempo, pero
luego, ante la falta de respuesta, se resignaron. Pasaron los años y las ovejas
hicieron su vida, se multiplicaron y, apropiadas de las esquinas más perdidas
del cerro, fueron plenas. Tenían donde vivir, podían pasear, echar la talla. Y nadie las iba a
matar.
La gente te saludaba, en las abandonadas calles y en el sendero. Algunos
te ofrecían comida, techo, te invitaban a una fiesta. Otros te sonreían
solamente. Los turistas te miraban con la cara del que aun sigue asombrado del
lugar en que se encuentra. Otros se sentaban contigo a la mitad del Pacífico y
te contaban historias de ovejas y el diablo.
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