No
fui a votar, pero planté unas matas de orégano. Se supone que el orégano, para
crecer mejor, debe ser plantado por un hombre. Supongo que por esta fecha.
Asumo, en realidad. Alguien dijo que era así y yo no puse resistencia, al
contrario, tomé la pala con gusto, abrí la tierra e hice el trabajo. Con las
manos volví la tierra y traté que quedara firme el espacio que sujetará las
siguientes semanas la planta. Luego la regué y cuando volvía a mi casa noté que
todavía tenía las manos con tierra, que la mugre se me había quedado impregnada
en las uñas. Quedaba tarde, pero no.
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