domingo, 17 de noviembre de 2013

Cuarenta y cuatro


No fui a votar, pero planté unas matas de orégano. Se supone que el orégano, para crecer mejor, debe ser plantado por un hombre. Supongo que por esta fecha. Asumo, en realidad. Alguien dijo que era así y yo no puse resistencia, al contrario, tomé la pala con gusto, abrí la tierra e hice el trabajo. Con las manos volví la tierra y traté que quedara firme el espacio que sujetará las siguientes semanas la planta. Luego la regué y cuando volvía a mi casa noté que todavía tenía las manos con tierra, que la mugre se me había quedado impregnada en las uñas. Quedaba tarde, pero no.

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