El día que me dijeron que había
obtenido la beca estaba en el pueblo. Había defendido mi tesis hacía no más de
una semana. Descansaba. Tenía la idea de pasar el verano ahí para en Marzo
volver a la ciudad y concretar alguna posibilidad de trabajo. La noticia cambió
todo el panorama. Las vacaciones se alargaron, ya no necesitaba trabajar.
Estuve de visita en otros lugares, recorrí el sur con ||||. Pasamos un buen
tiempo. Luego ella volvió a su vida habitual y yo seguía de vacaciones.
En la universidad me ofrecieron
tomar un curso. Lo rechacé. Me reuní con el jefe de carrera y le conté que
había obtenido la beca. Dijo alegrarse por mi y que entre sus expectativas
estaban que no se rompiera el lazo, que la comunicación fluyera igual durante
este tiempo y que, una vez que volviera, pudiera tomar un puesto en el
departamento. Le dije que sí, tal como a varias promesas de seguridad laboral
futura que se me ofrecieron las semanas siguientes. Los años borrarían del
pensamiento las muestras de cordialidad que insinuaban los directivos cuando
sabían que tenía la beca.
Las últimas semanas las pasé en
el pueblo. Mi papá no mostró problema en que me quedara ahí. Según él era
agradable la compañía. Había que aprovechar, proseguía. Luego no vas a estar y
nadie sabe si cuando vuelvas estaré bajo tierra o no. No se tenía fe el viejo,
pero todos sabíamos que le quedaban un par de décadas más con nosotros. La
jubilación y el aun cercano aniversario de la muerte de mi madre lo tenían algo
complicado. Claro, él no lo decía, pero era evidente. Nos preocupaba hasta
cierto punto, pues entendíamos que el viejo poseía más fuerza que todos
nosotros juntos y que no necesitaba tanto apoyo del resto como muchas veces
nosotros sí. Uno de los últimos días |||| le preparó locos. A mi me cargan los
mariscos, pero a mi papá le fascinan. Vino mi hermano y el comentario común fue
que la comida estuvo espectacular.
El último día volvió a cocinar ||||. Hizo
papas rellenas. Esa vez comimos sólo los tres. En la tarde viajamos a la
ciudad. Nos juntamos con mi hermano y fuimos al aeropuerto. Mi papá me preguntó
si llevaba piedras en la maleta cuando trató de levantar una y cargarla en los
hombros. Me reí y le dije que eran libros, para luego señalarle las ruedas. Es
más fácil si la llevas así. Nos abrazamos, nos despedimos. |||| me dio un beso
larguísimo. Sabía que de ahí en adelante todo iba a ir en picada. Cruzando la
cordillera reconocí su olor en el cuello de mi camisa. Traté de retenerlo lo
más posible, de saborear y fortalecer el recuerdo sensorial. Cerré los ojos y
me dormí.
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