sábado, 10 de agosto de 2013

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El día que me dijeron que había obtenido la beca estaba en el pueblo. Había defendido mi tesis hacía no más de una semana. Descansaba. Tenía la idea de pasar el verano ahí para en Marzo volver a la ciudad y concretar alguna posibilidad de trabajo. La noticia cambió todo el panorama. Las vacaciones se alargaron, ya no necesitaba trabajar. Estuve de visita en otros lugares, recorrí el sur con ||||. Pasamos un buen tiempo. Luego ella volvió a su vida habitual y yo seguía de vacaciones.
En la universidad me ofrecieron tomar un curso. Lo rechacé. Me reuní con el jefe de carrera y le conté que había obtenido la beca. Dijo alegrarse por mi y que entre sus expectativas estaban que no se rompiera el lazo, que la comunicación fluyera igual durante este tiempo y que, una vez que volviera, pudiera tomar un puesto en el departamento. Le dije que sí, tal como a varias promesas de seguridad laboral futura que se me ofrecieron las semanas siguientes. Los años borrarían del pensamiento las muestras de cordialidad que insinuaban los directivos cuando sabían que tenía la beca.
Las últimas semanas las pasé en el pueblo. Mi papá no mostró problema en que me quedara ahí. Según él era agradable la compañía. Había que aprovechar, proseguía. Luego no vas a estar y nadie sabe si cuando vuelvas estaré bajo tierra o no. No se tenía fe el viejo, pero todos sabíamos que le quedaban un par de décadas más con nosotros. La jubilación y el aun cercano aniversario de la muerte de mi madre lo tenían algo complicado. Claro, él no lo decía, pero era evidente. Nos preocupaba hasta cierto punto, pues entendíamos que el viejo poseía más fuerza que todos nosotros juntos y que no necesitaba tanto apoyo del resto como muchas veces nosotros sí. Uno de los últimos días |||| le preparó locos. A mi me cargan los mariscos, pero a mi papá le fascinan. Vino mi hermano y el comentario común fue que la comida estuvo espectacular.
El último día volvió a cocinar ||||. Hizo papas rellenas. Esa vez comimos sólo los tres. En la tarde viajamos a la ciudad. Nos juntamos con mi hermano y fuimos al aeropuerto. Mi papá me preguntó si llevaba piedras en la maleta cuando trató de levantar una y cargarla en los hombros. Me reí y le dije que eran libros, para luego señalarle las ruedas. Es más fácil si la llevas así. Nos abrazamos, nos despedimos. |||| me dio un beso larguísimo. Sabía que de ahí en adelante todo iba a ir en picada. Cruzando la cordillera reconocí su olor en el cuello de mi camisa. Traté de retenerlo lo más posible, de saborear y fortalecer el recuerdo sensorial. Cerré los ojos y me dormí.

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