sábado, 17 de agosto de 2013

Sylvia

Tengo tu imagen en mi cabeza. Pienso en ti. No puedo dejar de pensar en ti. En los años que viviste. A veces creo que fue en blanco y negro. Que todo pasó en cámara lenta. Me agrada creer eso. No quiero saber más por un tiempo. Me dolieron los huesos cuando volví a leer sobre ti. Algo se rompió en el momento en que la escena era tan nítida en mi mente que podía ver en detalle como se cruzaban los hilos en la toalla. Y tus manos delicadas la apretaban contra la puerta, cubriendo los espacios. Tan bien que ellos no correrían peligro alguno. Algo se rompió en mí. Las costillas, el cráneo. Cuando supe como terminaste tus días. Y después, con los huesos vueltos polvo, vi tus fotos. En una de ellas estabas casi triste, quizá reflexiva. En otra reposabas en el prado, te pegaba el sol y tus hijos jugaban junto a un árbol.

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