Tengo
tu imagen en mi cabeza. Pienso en ti. No puedo dejar de pensar en ti. En los
años que viviste. A veces creo que fue en blanco y negro. Que todo pasó en cámara
lenta. Me agrada creer eso. No quiero saber más por un tiempo. Me dolieron los
huesos cuando volví a leer sobre ti. Algo se rompió en el momento en que la
escena era tan nítida en mi mente que podía ver en detalle como se cruzaban los
hilos en la toalla. Y tus manos delicadas la apretaban contra la puerta,
cubriendo los espacios. Tan bien que ellos no correrían peligro alguno. Algo se
rompió en mí. Las costillas, el cráneo. Cuando supe como terminaste tus días. Y
después, con los huesos vueltos polvo, vi tus fotos. En una de ellas estabas
casi triste, quizá reflexiva. En otra reposabas en el prado, te pegaba el sol y
tus hijos jugaban junto a un árbol.
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