jueves, 1 de agosto de 2013

El pulso

Imprimí las 30 hojas y las dejé sobre el velador. Ahora el sol es débil. Las mañanas son heladas, las noches terribles. Pero pronto será primavera. Luego verano. Para entonces espero que todo lo que esté escrito en las páginas se haya vuelto un montón de manchas repartidas, sin patrón identificable, sobre las hojas dobladas y desgastadas. Y que las ideas, los personajes, los momentos, permanezcan sentados en un espacio de mi pensamiento, en espera del día en que puedan explotar definitivamente. Cuando mis manos no sean más un muñón.

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