martes, 30 de julio de 2013

Saltando en pelota al río de piedras

La novela lleva botada cinco meses. El word se ha mantenido intacto. Pienso que podría haber impreso esas treinta páginas y dejarlas sobre el velador, a la espera de que al menos el sol, mañana a mañana, deteriorara los papeles, destiñera la tinta y difuminara las letras. Quiero que pasen años para entender un poco mejor.
Al final del día ni lo que quiero ni lo que pienso tiene alguna relación importante con lo que pasa. Pues lo que pasa es que leí un texto y decidí retomar el mío. Elegí cambiar el nombre de él, su profesión, y hacerlo más miserable. Mi intención inicial es que fuera un personaje despreciable. Mantengo esa primera idea, pero deseo algunos matices más marcados. Miserable en el sentido económico, no emocional. Creo que en este último sentido tengo claro lo miserable que es.

De ella no voy a cambiar nada. Como la he pensado está bien. Algunas veces, por el amor que le tengo, se me ocurre que sería humanitario cambiar su destino. Cuanto me gustaría hacerlo. Pero no, hay cosas que no se pueden tocar. Como que él la va a desgraciar, le arruinará la vida. Viajará a Europa, entrevistará a ####. Hablarán de las películas que ha filmado y las personas que conoció en Chile. Tendrán un momento cuando ambos recuerden la niebla bajando los cerros de Concepción. Volverá y a los años se reencontrará con ella, para tomarla y botarla. Dejarla flotando en un montón de agua negra, sucia y pestilente.

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