La
tarde ya no abriga. Se oscurece temprano y cae el frío. Después es pura noche,
grande y arrolladora.
Antes
tenía una bufanda, pero no se qué pasó con ella. Me queda un gorro. Con él me
abrigo y camino la noche, acompañado de las personas que lejos de cualquier
sustancia duermen en su casa. Sueñan con romance y viajar entre países.
Mientras yo no sueño, pues camino y a lo más alucino cuando el cansancio me
empieza a destruir las piernas. Veo que hay alguien marcando la senda a seguir,
cuando en realidad la vereda está tan destruida y abandonada que llega a doler
el pecho de tanta alegría. Alucino con caballos corriendo por la calle,
persiguiendo el mismo punto invisible que yo. Pero todo es pasajero y cuando
miro dos veces las imágenes desaparecen.
Casi
muerto me entro a la casa. Duermo todo el día. Sueño que viajo al futuro y me
dan una puñalada en el estómago, pero no muero. Que me encierro en una pieza más
grande que el campo y filmo las películas que nadie nunca va a ver.
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