Hace
frío. A veces llueve. El cielo está gris. Anduve algunas cuadras hasta
encontrar un almacén abierto. Quizás debería comprarme una bufanda. Me dijo ese
día que no estaba de acuerdo con lo fragmentario, que disfrutaba las historias
que se construían lento, que llevaban décadas prepararse y siglos
desarrollarse. Las que seguían hasta un lugar en que si volvías la vista no podías
distinguir el principio. Me dijo que no. Le dije al almacenero que me vendiera un
kilo de tomates. Me dijo que no había.
Ese
día le dije a |||| que podríamos ir a ver una película. Me preguntó cuanto
duraba y yo le respondí que ocho horas. Me preguntó si la filmé yo y miramos
hacia los lados antes de cruzar la calle.
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