domingo, 7 de julio de 2013

Con las letras hacia abajo y un coro de rostros de ancianos enfermos.

Hace frío. A veces llueve. El cielo está gris. Anduve algunas cuadras hasta encontrar un almacén abierto. Quizás debería comprarme una bufanda. Me dijo ese día que no estaba de acuerdo con lo fragmentario, que disfrutaba las historias que se construían lento, que llevaban décadas prepararse y siglos desarrollarse. Las que seguían hasta un lugar en que si volvías la vista no podías distinguir el principio. Me dijo que no. Le dije al almacenero que me vendiera un kilo de tomates. Me dijo que no había.

Ese día le dije a |||| que podríamos ir a ver una película. Me preguntó cuanto duraba y yo le respondí que ocho horas. Me preguntó si la filmé yo y miramos hacia los lados antes de cruzar la calle.

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