lunes, 25 de marzo de 2013

Las venas vacías del cordero boca abajo.


Hace poco te identificaba como una letra vista desde lejos, apenas reconocida por la memoria de haber visto otras letras como tú. Pero ahora que te vuelvo a observar con detención me doy cuenta que eres un montón de letras y un par de números. Y que no te pareces en nada a lo que me gustaba pensar, años atrás, que eras: una frase placentera escrita con caligrafía perfecta. A veces me da pena pensar que saliste corriendo a tus cunas del pasado, que abrazaste todo lo que negabas conmigo y que caminas tranquila como si nada pasara. Pena, pues veo como los otros te miran con lástima y en silencio te dicen patética, pero sin entender lo destruidas que están tus entrañas. Tristeza.
Seamos amables. Del perro quedan solo un par de huesos rancios llenos de moscas. Se que tu putrefacción permanecerá. Date una ducha, péinate, hazte trenzas y podemos salir a dar un paseo. En la plaza donde íbamos cuando nos saltábamos el colegio aun quedan un par de asientos vacíos, donde estaríamos cómodos observando como se va el día. Podemos estar juntos esa semana y después dejar de vernos para siempre, tratar de olvidar y disimular. Aparentar felicidad y de esa manera provocar ira. Después puedes seguir jugando a ser joven.

No hay comentarios:

Publicar un comentario