sábado, 2 de febrero de 2013

En un mundo donde todo corre a la destrucción.


Quizás porque había mucha gente o porque no vi cuando te fuiste. Tengo el estómago vacío. He comido durante toda la tarde, el arroz que me preparaste, con arvejas y choclo. En la noche me serví un plato, lo calenté en el microondas. Lo comí mientras veía las noticias. Están volviendo a hablar de ovnis y el chupacabras, eso me agitó. Recordé cuando era más cabro y las noticias tenían el segmento paranormal, era un experimento de ciencia ficción tomado como real. Lo más cercano que podríamos estar a la guerra de los mundos. Yo me divertía viendo porque aceptaba todo como verdad. Imaginar las posibilidades, lo cercana que podía ser la realidad a un mundo fantástico y emocionante –por la única razón de ser diferente- me dejaba loco, alucinando, contento de estar parado donde estaba. Me hubiera gustado preguntarte qué hacías a esa edad, qué programas veías, a qué hora te mandaban a acostar. No lo hice ni lo haré. Porque afuera la lluvia está muy fuerte y grita que el tiempo y la distancia no tienen curvas.

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