No
hay mayores noticias de Vicente. Se sabe que viajó a Irlanda con Lorena hace
unos meses para pasar las vacaciones, viaje que se suponía duraría dos semanas –tenían
el pasaje de regreso comprado- y media. Pasado el tiempo volvió ella, la
recibimos en el aeropuerto y al verla cargada de maletas no alcanzamos a atinar
que venía sola. Luego de los abrazos notamos la ausencia de Vicente. Las
preguntas tuvieron que esperar, ella guió la conversación y hasta llegar a la
casa no cesó de contar qué tan maravilloso era más allá del océano.
Un
amigo dijo que lo vio el otro día en el chat, le habló, pero Vicente no
respondió.
Lorena
tiene ideas. Vicente se juntó con un hombre allá. Un tipo ya mayor que cojeaba
de la pierna derecha. Pelo cano, pequeño. Un tipo que se reía todo el tiempo,
dijo Lorena. Hablaba español muy bien. Le preguntamos si era un turista y ella
nos dijo que no. Vicente fue a su casa un día. Por lo menos eso fue lo que le
contó a Lorena pasada la medianoche, cuando despertó agitado y no atinó a más
que relatarle qué había hecho en su día libre. ¿Se quedó con él? Puede ser, nos
respondió.
Un
amigo dijo que recibió una llamada de Vicente. Que le ofreció participar en una
película. Le preguntó donde estaba y este respondió que en una cantina. Dijo un
par de frases en inglés y se puso a reír. Este amigo le pidió que se comunicara
con Lorena o conmigo, que estábamos algo preocupados ya. Se lo repitió, insistió en la idea, pero Vicente no dejaba de
reírse.
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