lunes, 17 de diciembre de 2012

La tonada


Hace unos años sacamos una revista de literatura. Nos quedamos con la opción de quemar las copias que sacamos –no más de diez- en vez de venderlas o abandonarlas en alguna parte de la universidad. Tiramos las cenizas sobre el campus un día de viento. Míseras cenizas, volaron sobre los infelices que caminaban por el lugar y se posaron sobre los menos afortunados, quienes ni cuenta se dieron pues, en la inmensidad de sus pensamientos no hacía lugar una mugrosa revista literaria. Menos quemada. Por ahí iba la poesía que tratábamos de realizar. Para entonces era una buena idea. Hoy nos avergüenza, es algo de lo que no se habla mucho y que, dado el caso que el tema surgiera, termina reducido a una cuestión de edad. Por supuesto, en ese tiempo, habíamos terminado de leer Los detectives salvajes hacía poco. Todos nosotros.
Siento un poco de pena y dolor. Hoy llovió un poco y me mojé. Hace años que no tengo un paraguas. No me importó mucho, como tampoco lo hizo ver el cielo y quedarse con la impresión irreemplazable de que toda la semana llovería. Me molestó caminar y que no hubiera nadie, respirar y que las personas se hayan sacudido las cenizas para siempre, en un acto que no tuvo ninguna importancia para nadie. En un mundo donde todo corre a la destrucción.

No hay comentarios:

Publicar un comentario