martes, 12 de abril de 2011

Vómito

La vez que vino Juanitojuan a Concepción se quedó en mi casa. Andaba resolviendo un asunto, buscando un libro que le habían ofrecido hacía algunos días, un volumen gigante, las obras completas de un autor húngaro cuyo nombre nunca logré aprehender. Por esos días, también, se la pasaba con un pequeño librito del cual intentaba aprender el idioma. Me preguntó no menos de dos veces si conocía a alguna mujer que supiera húngaro, para que le enseñara. Mujer, dijo, pues aseguraba que para aprender idiomas siempre era más simple con una mujer.

El libro en cuestión lo tenía un poeta-skater que vivía en la periferia, pero que tarde a tarde se reunía con otros poetas-skater en los tribunales, para patinar y, de vez en cuando, escribir algunos versos. Entonces fuimos allí luego de comer unos completos en un carrito que a diario se ubicaba cerca del correo. Juanitojuan lo llamó para confirmar su ubicación y ante la afirmativa caminamos un par de cuadras hasta llegar a los tribunales.

El tipo en cuestión era un sujeto alto que usaba un gorro con chapitas y ropa de skater. Ropa holgada y a ratos jocosa. Cuando llegamos estaba intentado saltar un grupo de mochilas que otros habían apilado, Juanitojuan lo reconoció, lo señaló con el dedo y le hizo un gesto con el brazo. Lo esperamos sentados en el pasto, mirando como pasaba la gente. La tarde estaba inusualmente silenciosa, tranquila.

Se sentó junto a nosotros, dejó en medio su skate como si fuéramos a hacer un ritual con el mismo. Nos saludó, usando un par de palabras de diccionario cuyo significado no conocí, y procedió a sacar el libro de la mochila. Era enorme. Se lo vendía a Juanitojuan en un precio que este último, según me contó más tarde, consideraba abismantemente menor al que cualquiera hubiera cobrado. Un libro viejo y de hojas café, algunas rotas, vencidas por el tiempo. Con olor a encierro y gritando por ser leído. Juanito le echó una mirada leve, como si no le interesara, y me lo pasó. Tenía ilustraciones desteñidas que me parecieron hermosas.

El tipo sacó un cigarro y comenzó a hablar. Dijo: Yo soy poeta, hermanos, poeta y skater. Poeta-skater, como todos mis hermanos acá, tú los ves, míralos, haciendo sus piruetas, como nadie en esta ciudad, y escribiendo versos que salen de acá, del fondo de acá (señalaba su corazón). A mi me gustan tres cosas, además de hacer flip flap con el skate, y son la poesía, el vino y las mujeres. Primero la poesía, hermano, la expresión del alma. Yo escribo versos que harían llorar a un soldado, pero no me interesa que un soldado lea mis versos, que se jodan los soldados, para mi no hay guerra, solo amor. Y ese amor intento plasmarlo en mis versos. Y para plasmar ese amor no puedo hacerlo en un papel común, no, todo lo que hago relativo a la poesía tiene que ser poesía. Si camino a casa tiene que ser poéticamente. Si hago un flip flap o un 360 tiene que ser poesía, poesía en movimiento. Porque mi vida es poesía. Así que al escribir tengo que hacerlo de la forma más artística posible, por eso junto los boletos de la micro, los míos y los de otros, para escribir en ellos los versos más dulces. Tengo cientos, y todos llenos de poesía, de arte, de mi palabra. (Respiró un momento). Lo otro es el vino, me encanta hermano. Ambrosía. Como no conectar el vino con la poesía, ¡para qué hablar de las mujeres! Luego me ampliaré en eso, sí. El vino, hermano, es para mí como la sangre, me hace vivir, me alegra, me inspira. No hay vida sin él. Le tengo un respeto y admiración que no sé describir, que cada vez que intento explicar a otros termino más confundido. Pero hay algo que sé. Todos los artistas tomamos vino, yo no se si ustedes son artistas, pero les explico, todos los artistas tomamos vino y nos embriagamos hasta donde podemos. Además en este país se hace el mejor vino del mundo, en botellas y en cartones, por qué no en bolsas digo yo. Y además de los artistas todos los tipos que tenemos un rollo superior con la vida, que estamos más conectados con el mundo, tomamos vino y no vemos televisión, ¿se entiende? No puedo quedarme afuera de todo eso, del vino, de la experiencia de ser un ser viviente de nivel superior. (Miró al cielo agradeciendo la iluminación del pulento). En tercer lugar las mujeres, en tercero pero no por eso menos importante. Son lo mejor que existe, no se puede vivir sin ellas. Ese es mi discurso, no se puede vivir sin ellas, y se puede aprender mucho de ellas. Son las musas inspiradoras del más fino arte. Sus curvas, sus rostros delicados, lejos de la inferioridad de muchos otros tipos que no saben valorar ni la poesía ni el vino ni las mujeres. Yo les he compuesto innumerables versos, y a ellas les encantan. Cada vez que a alguna chica le entrego uno de los boletos de micro que plasmo con mi arte se me queda mirando impactada y no pasa mucho rato hasta que me entrega su amor por completo, y ustedes me entienden. Y ese amor por completo es lo otro que ellas me pueden entregar, obvio, ellas solamente, no voy a esperar que un hombre me lo entregue. Los hombres tienen pene y las mujeres vagina. Hay una conexión que no se puede negar con las mujeres, y eso, hermanos, me hace temblar de regocijo, por algo estoy con todas las que pueda, para disfrutar del género y enseñarles, también, como ama un poeta (sonrió reflexivo mientras atrás otro tipo se caía de su skate).

Juanitojuan estaba callado y con la cabeza gacha. Yo me paré, me despedí y corrí hasta la esquina, donde de rodillas vomité hasta que el cansancio me superó.

4 comentarios:

  1. Risa, muy bueno. No lo había leído, acostumbrado como estaba a que actualizaras cada tres meses.

    Me gustó y divirtió. Yo no habría vomitado con el poeta skater, hubiese intentado convertirme en él y hubiese sido un hitazo: imagínate, un fofo y con cara de mateo pseudo-poeta pseduo-skater pseudo-intentando ser. Quien es Proust al lado de eso.

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  2. Por el skate debe ser, pero me acordé del niñito fofo que vimos la otra vez en bici, que recorría la pista (de 10 metros) para llegar a los pits a recargarse con palomitas. Uno de esos momentos realmente máquina de la vida.

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  3. Máquina ese niñito, el mejor ejemplo de que se puede engordar haciendo deporte.

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