Cuando
era cabro dibujaba harto y en algún momento como que le pegué al asunto.
Dibujaba en los cuadernos del colegio, a la hora de clases. Los que tenía más
rayados eran en el de Historia, el de Lenguaje y el de Matemática. Eso hasta
que empecé a cachar que no había necesidad de tener tantos cuadernos y llevé el
registro de toda la materia en uno o dos. Y era un desastre. El panorama era
terrible: un continuo de temas que disparaban para todos lados, con una
caligrafía horrible y dibujos por todos lados. Hojas arrugadas, sucias, tapas
que parecían mordidas por ratones y el espiral disparado a cualquier parte. La
pasábamos bien en el colegio. Mis compas cercanos igual dibujaban de repente. J
llenaba los cuadernos con escopetas, tórtolas y golondrinas. D se inclinaba por
carros bomba o motos. Yo no tenía temas específicos, aunque hubo un tiempo en
que estuve pegado con dibujar círculos y formas que tuvieran muchos círculos
cruzándose y sobreponiéndose. Y ratones igual, me gustaba dibujar ratones. A
veces le pedíamos lápices de colores a las chiquillas y pintábamos los dibujos.
Y nos quedaban súper buenos. Después nos rayábamos los cuadernos, les sacábamos
las hojas o los tirábamos por la ventana –nunca los propios, claro-. Después
nos iba mal en las pruebas, dábamos pena en las disertaciones y repetíamos de
curso. La pasábamos bien me acuerdo.
En
algún punto de la universidad dejé de dibujar así. Fue un abandono progresivo
que compensé con otras formas de tratar el papel. Nunca lo dejé por completo.
De vez en cuando tiraba un par de líneas, armaba bocetos de lo que fuera o
trataba de copiar la forma del marco de la ventana. Pero poco. Con la falta de
práctica dejé de pegarle al asunto. Tenía los dedos y los ojos más débiles y se
notaba. Creo que eso me pesó un par de veces y sentí miedo por el paso del
tiempo y la administración que le estaba dando. En algún punto me convencí de
lo inevitable de pasar por ese pensamiento y aligeré un poco la carga. Entonces
seguí dibujando, con una irregularidad que llegaba a dar susto, un montón de
tiempo, sin mayor conciencia del proceso. Con una debilidad tan evidente que se
hacía imposible no explotarse hasta quedar muerto, tiritando, con los dedos
negros o de cualquier otro color –que después desaparecía con los días y el
agua, como el dolor y el frío-.
El
otro día me compré lápices escriptos. Nunca supe bien como se escribía
escripto, pero dejémoslo así. Me compré los doce clásicos con la idea de pintar
unos dibujos que tenía en mente. Tengo la idea de hacer unas cercas y que se
alcance a ver parte de una casa al fondo. Pero la cerca es lo que me motiva y
se me ha metido en la cabeza. Quiero igual hacer un cerro y pintar algunas
partes con el verde. Lo tengo metido en la cabeza, pienso en eso con cierta
regularidad. Me desvío de lo que está pasando, de donde termina la vereda y
empieza la calle y pienso en las formas del pasto cuando se lo ve de lejos.
Creo que es bueno invertir el tiempo así, como es bueno hacer el dibujo o
escribir esta historia. Mirar para el lado y ver agobiados a tus colegas por
cumplir la meta del mes, y seguir escribiendo, aun cuando esté a cientos de kilómetros
de la meta, con una levedad que levanta el espíritu y carga de lluvia las nubes.
*
Como
mojarse hasta los huesos una vez a la semana o no saber que hoy jugaba la
selección. Como haber escrito lo que restaba de este texto en un papel roñoso y
dejarlo ahí, esperando que la tinta se corra cuando el cuaderno se asuma olvidado en alguna calle de conce.
Juan dibujaba sobre hojas de diario. Los diarios aún hoy vienen llenos de pacos por todos lados entonces juan les completaba las imágenes y creando ilustraciones de Super Paco, y de condorito. Además de eso tenía un cuaderno en el que intentó dibujar Volver al futuro 2 pero sólo llego a cuando el auto se teletransportaba volando hacía el futuro y luego no siguió, lo que me pareció normal ya que dibujaba todos los diálogos de la peli y además los pintaba. Demencia total.
ResponderEliminarJuan el terrible polifuncional. Igual mi favorita de volver al futuro es la 2. O la 1.
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