jueves, 19 de junio de 2014

Bonini



No hacía frío. Ninguno de esos días hizo frío, por lo menos de los que nos acordábamos. Teníamos el esbozo de recuerdo de los días en que estuvo lloviendo harto, y cuando nos queríamos sentir más vivos buscábamos entre la pila de ropa tirada en el piso los pantalones que todavía tenían manchas de barro, secas, evidentes. Yo no tenía problema en usar los mismos pantalones día a día. Si lo conversábamos, a pesar del tono, podíamos llegar a acuerdo y salir a pasear llamando la lluvia. Aun cuando no hubiera respuesta del otro lado. Esos días dejó de llover y nosotros nos entibiábamos en los márgenes del parque, reposábamos el cuerpo y nos complacíamos con tan sólo ver a los cabros tratando de recuperar la juventud perdida, ciegos al presente, de cabeza al desastre. Era agradable pensar en una solidaridad fantasma que no por lejana y ajena dejaba de ser significativa.

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