lunes, 28 de abril de 2014

Mataría por ti, pero por favor sostenme una vez más. Sólo sostenme fuerte, si pierdo la cabeza, una vez más

El sábado, pasando mucho frío mientras cruzaba el puente, alguien dijo que llovería en lo pronto, si no esa misma noche al día siguiente. Yo lo creí, tanto por lo helado que estaba como por la necesidad de dejar de dudar o creer más en la gente, tratar de sacar algo bueno de tanto movimiento. Para darle sentido, puede ser, a un camino que se empieza a estirar y me cuesta recorrer, tanto por lo que creo que soy como por lo que creo que es todo lo que me rodea. Hay un punto en que me cuesta reconocer a un montón de gente y me niego a creer que son una masa de mugre que se pierde en la uniformidad, me gusta la idea de las historias personales, de la configuración exquisita de una persona a través de la recopilación de un pasado tremendo que lleva a un presente único. Más allá de lo interesante que pueda ser.
El domingo, a la hora de colación, hablamos sobre posibilidades en el futuro, levemente. 1 dijo que yo podría ser político, idea que rechacé inmediatamente con el apoyo de 2, que se dio el tiempo para dejar claro que de yo hacerme político ella me daría la espalda al primer minuto. En ficción, luego de un par de tallas, acordamos en que yo no tenía un algo que hacía falta para mover masas, que podía mover individualmente a los votantes, pero a la hora de domesticar un grupo no tendría chance alguna. Creí en eso. Varias cosas que dijeron me parecieron adecuadas.

Al final del día -como al principio o a la mitad- no llovió. Hizo frío, pero parece que todos los días hace frío en algún momento. Hasta cuando más pega el sol. Parece que el sol tiene miedo de calentar la vida. Una pena. Así se terminan extinguiendo los astros y se convierten en una mentira, en ficción.

No hay comentarios:

Publicar un comentario