Una
posición cómoda es sentado en la banca que está frente a la plaza. Desde ahí se
puede ver como el mundo se va a la mierda. Unos contra otros, la situación ya
no se pudo sostener. Se reventaron los cuerpos que por largo rato chocaron sin dañarse
más que superficialmente, las tripas quedan repartidas por el campo de batalla.
Los que venían más atrás no se dan cuenta, pisan la carne aun tibia, los
intestinos, los redondos ojos que parecían mirar todavía. En su carrera se
forma una masa de sangre y carne que sirve como soporte para que los demás, los
que no aguantaron más y se lanzaron a pelear, choquen, se rompan, lloren y
exploten. Yo los veo desde la banca, la que está frente a la plaza. De repente
me dan ganas de meterme, pegar un par de mangazos y arrancar. Hasta me dan
ganas de separar una que otra peleita aislada. Pero no lo hago, al contrario,
me acomodo y pongo una pierna sobre la otra. Ya, cuando sea más tarde, me
pasearé por entre los cuerpos revueltos y les diré, a los que aun entiendan,
cuantos errores cometieron. Luego volveré a mi casa, temblando, conciente de mi
miseria.
No hay comentarios:
Publicar un comentario