sábado, 5 de mayo de 2012

Orégano


Tengo un ardor en la garganta. No se por qué. Se de este ardor, como se que mis ojos ya no se volverán a cerrar y que la mañana se cuela por las persianas. Me aferro a estas certezas y las sujeto con fuerza, las mantengo junto a mi, alejadas de los kilómetros de intestinos llenos de dudas. Para cubrirte. Te cubro con las sábanas. Luego con las frazadas. Tu respiración tiene un ritmo aletargador. El movimiento que hacen tus hombros, descubiertos, expuestos al rocío, es hipnótico. Así que te tapo y, bien cerca tuyo, escucho el sonido de tu cuerpo. Me aferro a ti, paso las manos por tu cintura y siento el olor de tu cabello. El cuerpo reacciona. Las palpitaciones, la respiración. Los procesos que me gustaría explicar. La ventana de más allá, que deja ver blanco el cielo a través de la cortina trasluciente. Pero a la mitad del camino esto se detiene. No va ni para romántico ni para porno. Un punto en el medio, porque, como te dije, mis ojos no se van a volver a cerrar, ni los tuyos a abrir. Así que prendí el computador e hice lo que pude.

1 comentario:

  1. http://lasierraelruidoyelcamino.blogspot.com/
    Nueva dirección. No me deja pegarla el face por interno.

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