Tengo
un ardor en la garganta. No se por qué. Se de este ardor, como se que mis ojos
ya no se volverán a cerrar y que la mañana se cuela por las persianas. Me
aferro a estas certezas y las sujeto con fuerza, las mantengo junto a mi,
alejadas de los kilómetros de intestinos llenos de dudas. Para cubrirte. Te
cubro con las sábanas. Luego con las frazadas. Tu respiración tiene un ritmo
aletargador. El movimiento que hacen tus hombros, descubiertos, expuestos al
rocío, es hipnótico. Así que te tapo y, bien cerca tuyo, escucho el sonido de
tu cuerpo. Me aferro a ti, paso las manos por tu cintura y siento el olor de tu
cabello. El cuerpo reacciona. Las palpitaciones, la respiración. Los procesos
que me gustaría explicar. La ventana de más allá, que deja ver blanco el cielo
a través de la cortina trasluciente. Pero a la mitad del camino esto se
detiene. No va ni para romántico ni para porno. Un punto en el medio, porque,
como te dije, mis ojos no se van a volver a cerrar, ni los tuyos a abrir. Así
que prendí el computador e hice lo que pude.
http://lasierraelruidoyelcamino.blogspot.com/
ResponderEliminarNueva dirección. No me deja pegarla el face por interno.