Varias
de las últimas noches en que he viajado en micro he sentido, llegado un punto
del camino, un miedo terrible a morir atravesado por un par de balas locas. Una
imagen: entra un tipo y saca su pistola, para echar la talla dispara y entre
otros resulto muerto yo. Esa y otras más. Así que me entra la duda de donde
debo sentarme. Es un miedo extraño que supuse, en una micro igual, él lo
compartiría conmigo. Era temprano, no más de las cuatro. La tarde, las
características benévolas de la tarde otoñal, ahuyentaban mis miedos. Entonces
pensaba. Pensaba que él podía compartir esos miedos nocturnos y otros más. Porque
es un perdedor adorable. Similitudes deberíamos tener por montones. Pero aun
cuando he sabido de su existencia hace mucho tiempo, no lo conozco del todo. Me
gustaría conocerlo más, saber qué días sale a correr por el parque y
preguntarle sobre su vida. Trataría de seguir su paso y cuando se detuviera y
me reconociera nos echaríamos un rato a descansar. Entonces conversamos. Por
qué no te subes a las cuerdas. Por qué no has sido campeón nunca.
Otra vez un final bueno. Y la plantilla, aunque menos poética que la de los pájaros, eficiente, clara, simple, noqueadora. Corta el hueveo. Cierra tu blog de una buena vez.
ResponderEliminarCortos y precisos. Tan rebuenos estos últimos que leí. Ya pensaba que este blog no existía. Es el que más te ha durado?
ResponderEliminarEn una de esas suba algo al mío para dolor de guata de Diego.
Ahora más encima por hablar del blog atraigo a Víctor a leerlo. Faltaba más.
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