Tiempo 1
Estuve levantando fierros. Alguna vez tuve la costumbre y a veces siento que estoy cerca de recuperarla. No había almorzado más que un poco de maní y se podía percibir, al menos en mi cosmografía interna. Tendía a desmayarme. En un relato paralelo, lejano a la realidad, mi cuerpo yace rendido en una máquina ajustada con un peso poco exigente: algunos niños brócoli me sacan fotografías al tiempo que se burlan sin llegar a pensar en darme una mano.
Hace un rato que espero tu respuesta.
Hace un rato que espero tu respuesta.
Tiempo 2
Camino por la ciudad porque tenemos picaduras en el cuerpo. Una cosa ha llevado a la otra. En la mañana fue evidente esta marca en mi brazo y en un mensaje que yo pensaba coqueto me descubriste que también había una en tu hombro. Tu bello, hermoso hombro.
La tarde ha estado calurosa.
No le he atinado con las tenidas esta semana. Cuando hizo frío anduve desabrigado. Y lleno de ropa abordo el calor.
Me quito la chaqueta y camino por la ciudad, en busca de una pipeta, porque mi sospecha es que estas picaduras se han originado por pulgas traídas hasta nuestro lecho por el aventurero. El Magallanes de los gatos.
La tarde ha estado calurosa.
No le he atinado con las tenidas esta semana. Cuando hizo frío anduve desabrigado. Y lleno de ropa abordo el calor.
Me quito la chaqueta y camino por la ciudad, en busca de una pipeta, porque mi sospecha es que estas picaduras se han originado por pulgas traídas hasta nuestro lecho por el aventurero. El Magallanes de los gatos.
Tiempo 3
Si afuera hacía calor dentro de la librería la cosa se ha vuelto infernal. Tienen un aire acondicionado de gran volumen que nadie se anima a encender. No entiendo cómo se nos ha educado que llegamos a considerar el bienestar económico de nuestros empleadores por sobre la comodidad y frescura del pobre diablo que deambula entre las ofertas del mes en busca de algo que se ajuste a un presupuesto que sin ser escuálido no se puede permitir ciertos lujos, como la nueva novela de Paul Murray a unos ridículos treinta y dos mil pesos.
Buscaba, valga decirlo, una novela inglesa que se pudiera considerar clásica. Esto se enmarca en nuestras lecturas de preparación. Me preguntaste que llevé.
Buscaba, valga decirlo, una novela inglesa que se pudiera considerar clásica. Esto se enmarca en nuestras lecturas de preparación. Me preguntaste que llevé.
Tiempo 4
Esperando la micro te mandé un audio contándote que había comprado La guerra de los mundos luego de descartar una edición de treinta y cinco mil pesos de Robinson Crusoe, que de seguro estaba impresa con tinta de oro.
La verdad es que no me gusta mi voz. Tampoco el ritmo que adquieren algunos de mis audios. Las pausas. Incluso escribirlo es doloroso.
Tomo una de esas modernas micros eléctricas y me como terrible de taco.
Las vueltas lentejas me llevarán a ti.
He terminado de leer el de los niños. Pienso que tal vez algo faltó.
La verdad es que no me gusta mi voz. Tampoco el ritmo que adquieren algunos de mis audios. Las pausas. Incluso escribirlo es doloroso.
Tomo una de esas modernas micros eléctricas y me como terrible de taco.
Las vueltas lentejas me llevarán a ti.
He terminado de leer el de los niños. Pienso que tal vez algo faltó.
Tiempo 5
Voy cruzando la calle y te veo aparecer.
Han pasado unos camiones que hicieron temblar la tierra, pero yo floto a tu encuentro.
Todo lo que pasó antes parece un recuerdo lejano. La sombra de un sueño.
Ahí estás tú: ambrosía.
Nos contamos algunas historias y damos una vuelta por el súper. Esperamos tomando un café en nuestro pequeño búnker al paso.
El cielo se ha vuelto oscuro y alguien nos lleva a una mesa que ya conocemos. Comienza un desfile de platos. Algunas preparaciones innovadoras, llenas de sabor. Algo impresionante, pero qué te voy a decir, si antes de que picaran la piña yo ya había probado el mejor plato de todos.
Han pasado unos camiones que hicieron temblar la tierra, pero yo floto a tu encuentro.
Todo lo que pasó antes parece un recuerdo lejano. La sombra de un sueño.
Ahí estás tú: ambrosía.
Nos contamos algunas historias y damos una vuelta por el súper. Esperamos tomando un café en nuestro pequeño búnker al paso.
El cielo se ha vuelto oscuro y alguien nos lleva a una mesa que ya conocemos. Comienza un desfile de platos. Algunas preparaciones innovadoras, llenas de sabor. Algo impresionante, pero qué te voy a decir, si antes de que picaran la piña yo ya había probado el mejor plato de todos.
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