La
verdad es que no había pensado en ti en mucho tiempo. Mis pensamientos se
habían perdido en el difuso punto medio que se genera entre lo que se lee y
lo que se escribe. Así por varios días, hasta que se me aclaró la cabeza. Fue
una vez en casa, sentado frente al computador. Recordé tu rostro, esa vez que
me quedé mirándote cuando veías la película. ¿Qué película era? Tu hermana me
habló y las cosas sucedieron como ya sabemos. Pensé en la distancia que nos
separa, minúscula, tentadora. En las veces que me he dormido sintiendo frío
entre las piernas y tú a un par de cuadras, sintiendo quien sabe qué. Así que
me puse el abrigo y caminé hasta ti. Las manos en los bolsillos. Entré.
Estabas. Sin película, sin hermana. Nadie más en el camino. Me acerqué, te dije
hola y, tocando una con la yema del gordo y el índice, te pregunté a cuanto
estaban las paltas.
Sobre la previa del final: "tocando una". ¿Una qué? Parece que falta una palabra ahí.
ResponderEliminarSobre el final: perfección.