domingo, 31 de octubre de 2010

Yuri Fernández

Desde la ventana que está junto a la escalera, en el segundo piso de mi casa, se pueden ver muchas ventanas más, de otras casas y edificios. Muchos techos y ventanas. Si uno mira directo al frente y luego levanta un poco la vista puede ver casi veinte ventanas o ventanales en algunos casos, del edificio x, cuya intimidad está resguardada por cortinas blancas o amarillas, como también por árboles enormes ubicados estratégicamente. Aunque quizás no tanto.

Acababa de comer, un almuerzo bastante desagradable que no cumplió con mis expectativas. Tenía la cocina toda para mi, así que me dediqué a experimentar. Ayer preparé unas vienesas que dejé quemar levemente adrede, y las unté con miel, mostaza y mayonesa, todo en un diente de marraqueta. El resultado fue soberbio. Hoy preparé unas papas fritas, sin pelar. Asqueroso resultado, más aún pues debido a un descuido se quemaron bastante. Tomé bastante agua esperando que quitara el pésimo sabor de mi boca. Entonces me instalé en la silla junto a la ventana y miré hacia afuera, atraído por los gritos de una ínfima barra de la u, que jugaba esta tarde con la udec. Un grupúsculo de flaites uniformados de azul cruzaban la ciudad por Los Carrera en dirección a Collao, y dejaban que sus gritos y cánticos de guerra envolvieran su camino. Luego se perdían. Miré también las hojas del parrón del vecino y pensé en mi estrella de Belén. Del macetero más pequeño asomaban unos mínimos brotes, hermosos. Ayer los fertilicé con orina, hoy debo regarlos. Miré, y esto no me trajo ningún recuerdo en especial, el patio y al maldito perro que tanto ladra últimamente. Miré, al final, el edificio x, y a una pareja que conversaba en el balcón.

Ella vestía una polera negra y él una azul, desde mi posición se veían pequeños, y supongo, desde cerca, tampoco debían ser muy altos. Miraban, apoyados en la baranda, hacia la calle, quizás también les llamó la atención el griterío chuncho. De hecho, pensándolo bien, él tenía una polera azul que perfectamente podría haber sido la camiseta de la u. Ella no. Tras su cuerpos inmóviles una cortina naranja se arremolinaba y bailaba al son del viento, el mismo que de tanto en cuanto me hacía nanai en el cuello. Yo pensé que conversaban u observaban. Mi capacidad de entender situaciones ajenas ha ido en picada últimamente, espero que sea una etapa. Entiendan que me equivoqué. No conversaban, discutían. Ella movía los brazos y la cabeza al hablar, él se quedaba quieto y no la miraba. Cuando llegaba su turno utilizaba solo el brazo izquierdo, dibujada algo con la mano en el aire y de tanto en cuanto la señalaba, acusando algo que yo no lograría captar. Pensé por un rato que uno de los dos caería, directo al suelo, pues si no, ¿qué sentido tenía que ellos discutieran en el balcón y que yo los mirara? Ninguno. Al menos, para los tres como conjunto, ninguno. La discusión habrá proseguido unos cuatro minutos. Ella parecía bastante alterada. De él no pude percibir mucho.

En la tele pasaban un reportaje sobre un tipo muy cuico que fabricaba biocombustible a base de aceite quemado, el mismo de las papas fritas. Me sobreinteresó el tema y me quedé pegado mucho rato, más del que hubiera debido, pegado a la pantalla. El truco era con una máquina, no entendí muy bien el proceso, pero el resultado final era combustible perfectamente útil para el automóvil, él mismo lo usaba en su camioneta, la misma con la cual iba a buscar el aceite donde una señora que vendía papas fritas. La utilidad: era más económico que el combustible convencional, se le daba una utilidad al aceite quemado. Destacaba el documental que un litro de aceite puede dañar cien litros de agua, y que inutiliza la tierra. En España, para evitar esto, se instalaban en las calles contenedores donde la gente podía botar su aceite quemado, el cual luego se reutilizaba. En Chile yo no he visto nada parecido a eso, si alguien sabe que me avisa, así me libero del gran peso que he cargado desde que me deshice del primer resto de aceite quemado de la casa. Prefiero no entrar en detalles, pero insisto, si alguien sabe que me avise.

Cuando miré otra vez al edificio ya no había nadie. ¿Se habían lanzado? Lo dudo.

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