viernes, 11 de diciembre de 2009
La hora de dormir
Le dolían las piernas, el cuello, y sentía la cabeza reventar. La noche anterior había dejado abierta la ventana de su pieza, sin notarlo hasta cuando se levantó, momento en que el dolor iniciaba y la agitación de las cortinas sucias hacía evidente la causa del dolor. Tenía cosas que hacer ese día, pero las canceló todas para descansar, al menos durante la mañana. Caminó un poco dentro de la casa buscando unos parches calóricos, no los encontró, y en su lugar cambió una frazada de la cama paterna a la suya, cerró la ventana y guardó silencio: la cabeza sobre la almohada, la tibieza y el sueño que empieza a manifestarse.
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